“Me volví invisible”, fueron las palabras de una paciente de 77 años de edad, cuando le pregunte cual era el motivo de su consulta, su respuesta llamo mi atención así que le pedí que me hablara mas sobre eso, al principio se rehusó luego después de tomar una respiración profunda exclamo. “Bueno, si puede escucharme y si no tiene prisa esta bien”, honestamente tenía mi agenda bastante apretada, pero sabia que esta oportunidad no la volvería a tener, tome asiento y me dispuse a escucharla.

Se acomodo, luego mirándome a los ojos empezó a hablar en tono pausado.

“Aun recuerdo como eran mis días cuando mis nietos eran pequeños, llegaban a mi casa y yo era el centro de atención, todos me abrazaban y expresaban su amor de muchas formas, mis hijos disfrutaban el tiempo junto a mi, yo por supuesto me sentía muy afortunada y bendecida y pensé que eso duraría por siempre, nada mas erróneo; desde que una de mis hijas prácticamente por obligación me llevo a su casa con ella, note que mi presencia solo causa malestar y angustia, si camino por la casa lo único que escucho es que tenga cuidado de no caerme, que es mejor que este sentada, si hablo a nadie le importa, todos tienen su mundo ocupado con sus asuntos y yo no estoy en ellos, simplemente me volví invisible…”

Puede parecer increíble que estas cosas sucedan pero es un realidad, afortunadamente hay gente que si cuida de los abuelos con mucho amor y dedicación, dediquemos un tiempo a aquellas personas que estuvieron cuidando de nosotros desde que nacimos y nos adoptaron como hijos, hagamos que las personas de la tercera edad sean felices hasta sus últimos días…

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