Al evaluar a mi paciente, lo note algo callado, le pregunte si quería hablar un momento, respondió que si, después de una breve introducción de cosas generales le pedí que me cuente como se sentía, agradeció la compañía y luego me dijo:

“Todo lo que sucede es mi culpa, fume por mas de 20 años, desafíe a la naturaleza y me creí invencible pensé que nada me sucedería, jamás pensé que todo terminaría así”.

Muchas veces es difícil abordar estos temas sin ser psicólogo, solo me deje llevar por la experiencia, y me atreví a preguntarle cual era su mayor temor y el contesto: “Se que tengo cáncer terminal de pulmón, ya tengo 65 años y creo que ya he vivido gran parte de una vida, sin embargo me da miedo enfrentar la muerte y sobre todo saber que mi familia sufrirá con todo esto”

Sus palabras me conmovieron mucho, tome sus manos y le dije: “Realmente estamos frente a un diagnóstico médico, no sabemos lo que sucederá mañana, sin embargo Ud. está consciente de lo que esta pasando ahora y tiene tiempo de planificar todo, de dejar las cosas en orden así Ud. tendrá paz, si comenta con su familia como quiere que se hagan las cosas después de su partida Ud, les evitará la pena de no saber que hacer en el momento y así habrá paz en medio del dolor”. El paciente mostró un rostro de aceptación y me apretó las manos fuertemente en señal de acuerdo.

No es nuevo enfrentarnos a estas situaciones, en que vemos rostros tristes y con temor a lo desconocido, recuerdo mucho a la psicóloga Pilar Sordo, quien en una de sus conferencias expreso: “Es bueno hablar de la muerte, estés enfermo o sano, así la familia sabrá cual es tu voluntad, no se cause el caos y las decisiones que tomen les dará paz y honrarán tu voluntad”

Quisiéramos hacer mas por nuestros pacientes, pero si en medio de la confusión y temor le enseñamos un sendero habremos hecho bastante, para tener un grado de conexión con nuestros pacientes hay que saber comunicarse y ese es el reto que nuestra carrera nos brinda cada día.

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