Por: Yiuvany Aguilar

Existen varias barreras que pueden disminuir la calidad de los encuentros entre paciente y profesional de la salud, particularmente médicos y enfermeros, con el potencial para dañar las relaciones con los pacientes, y el más común de ellos puede ser el tiempo, o más precisamente, la falta del mismo.

La mayoría de los enfermeros valoran a los pacientes y se ajustan a estándares de cuidado de calidad, pero en ocasiones pueden quedarse cortos. Trabajar dentro de los modernos sistemas de salud requiere que los enfermeros cumplan con numerosas demandas de mantenimiento de registros, muchos de ellos con el propósito de facturar más que de documentar hallazgos clínicos importantes o comunicar estrategias de cuidado.

El entrenamiento continuo impuesto para cumplir las regulaciones requiere considerable tiempo y atención del enfermero, especialmente en aquellos que trabajan dentro de los grandes sistemas del cuidado de la salud. El tiempo está siendo invertido en muchas actividades que alejan al enfermero de la cama o la mesa de exploración y lo acercan hacia una pantalla de computadora u otro dispositivo electrónico.

Dadas todas las preguntas que involucra la valoración del estado de un paciente, el médico y el enfermero deben asegurarse de preguntar a sus pacientes todo lo necesario para asegurarse de que los problemas físicos potenciales puedan ser identificados, al tiempo que con frecuencia se alejan del dominio psicosocial, posiblemente al creer que pueden ofrecer poca ayuda en los temas emocionales derivados de experimentar una enfermedad. Esto es una lástima, pues este punto es precisamente el que humaniza la atención al paciente.

Mucha de la adherencia del paciente al tratamiento médico está determinado por la manera en que el paciente y sus familias comprenden dicho tratamiento. SI un medicamento está causando efectos secundarios, el tratamiento requiere un ajuste considerable en el estilo de vida o las visitas a la clínica representan un dificil traslado, los pacientes se pueden sentir incómodos discutiendo esto con el médico o enfermero que se muestra preocupado por avanzar para checar todos los puntos en un checklist. Los pacientes pueden dejar de tomar el medicamento, cumplir con el tratamiento o acudir a las citas clínicas porque, sin importar cual sea el obstáculo, ellos no sienten que el encuentro permita su discusión con libertad. Sin comprender los factores que contribuyen al problema, tendemos a juzgar severamente a los pacientes que no se apegan al tratamiento y, lamentablemente, invertir todavía menos tiempo en el cuidado de los mismos.

Para muchos enfermeros, el ritmo del cuidado de la salud los deja sintiéndose agotados, agobiados y, en ocasiones, explotados. Con el tiempo, el ritmo de trabajo puede ser tan implacable que el tiempo mismo se convierte en un enemigo y el trabajo es poco más que unca carrera constante. El cuidado del paciente se vuelve algo que debe ser hecho tan rápida y eficientemente como sea posible. Conectarse con el paciente puede comenzar a tomar una calidad superficial: cordial, alegre pero sin un intento real para escuchar, comprender e involucrarse. El resentimiento se acumula a medida que no hay tiempo para comer o el tiempo extra se vuelve una costumbre para cubrir la falta de personal.

Al limitar el enfoque clínico a las labores en una checklist, salir corriendo del trabajo e invirtiendo la energía emocional en otro lugar, esta desconexión emocional hace pagar un alto precio, al perderse las oportunidades de conectarse con otros seres humanos, por lo que los alguna vez profesionales dedicados y compasivos se reducen a actuar como técnicos, en un proceso insidioso tan gradual que el enfermero no se da cuenta de la transición, hasta que un dia nota que su pasión por el trabajo ha desaparecido.

Los enfermeros concientes entran a la habitación del paciente habiendo tomado primero unos treinta segundos para aclarar sus mentes, reorientarse al momento presentes, comprometiéndose a estar en el aquí y ahora y considerar lo que los pensamientos, necesidades y sentimientos del paciente podrían ser. El tiempo sigue siendo precioso, pero el encuentro se ejecuta en una manera que permite que el paciente sienta la confianza para hablar con total libertad, lo que se traduce en una mejor recolección de información de alto valor para el diagnóstico y tratamiento.

Las preguntas abiertas, que expresan interés en la experiencia que vive el paciente, no necesitan tomar más tiempo que aquellas basadas en el sistema tipo interrogatorio, al tiempo que proporcionan el tipo de información que se busca.

Dicho lo anterior, el profesional de la salud y en particular los médicos y enfermeros saben que hay situaciones que simplemente toman tiempo, que requieren la atención sostenida y que no son compensadas financieramente. No hay manera de incrementar la eficiencia de esyos encuentros; el paciente que entre sollozos es informado que su pierna deberá ser amputada, el paciente de trasplante de médula ósea cuyo confinamiento prolongado comienza a afectar su salud mental, la mujer que ha recibido el diagnóstico de cáncer de mama y cuya mente está tan abrumada que no puede procesar las instrucciones que se le proporcionan. Estas son los tipos de situaciones que consumen tiempo y que los médicos y enfermeros deben enfrentar diariamente, y que no pueden ser truncadas a fin de cumplir con los estrictos límites de tiempo.

Los enfermeros se encuentran en medio de un conflicto moral cuando se sienten divididos por demandas igualmente apremiantes: el paciente en postopoeratorio en dolor terribe, esperando que una enfermera llegue a su habitación con la inyección, mientras el paciente moribundo pide apoyo emocional y el paciente que está siendo dado de alta requiere instrucciones sobre el cuidado de sus heridas.

Esta es una situación de nadie gana en la que al cubrir las necesidades de un paciente, otro tiene que quedarse esperando, deseando e insatisfecho. Cuando escenarios como este suceden de manera ocasional, la práctica conciente puede mantener al enfermero centrado y tranquilo para sortearlos de manera efectiva. Cuando dichos escenario suceden frecuentemente, la carga de responsabilidad para cambiar pasa del individuo a la organización, quien deberá identificar, analizar y solucionar la situación imperante de manera que la frecuencia de estos escenarios se reduzca a un mínimo manejable por todos los miembros del personal de enfermería.

Recordemos que solamente cuando los principios concientes y atentos, así como los compromisos a la compasión se filtran a todo el sistema de cuidado de la salud, las expectativas más realistas y razonables son puestas en práctica y se alcanza un cambio real en el trabajo diario. Debemos buscar que el sistema de cuidado centrado en el pacieente no provoque que las necesidades de los profesionales de la salud sean ignoradas. Los compromisos del sistema para mantener las tasas apropiadas de personal base, proporcionar adecuado personal de apoyo y abastecer con recursos apropiados son componentes críticos del lugar de trabajo para que prevalezca la práctica ética y compasiva.

 

Fuente:

Ref. T. Raphael-Grimm (2015). The art of communication in nursing and health care: an interdisciplinary approach. Springer Publishing Company.

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