Por: Lilia Aguilar

A pesar de los importantes avances médicos de los últimos años, la atención adecuada al creciente número de personas ancianas, pacientes con enfermedades crónico-degenerativas y cáncer sigue representando un importante reto de salud pública. Muchos de estos enfermos llegarán al final de su evolución a una etapa terminal, caracterizada por un intenso sufrimiento y una alta demanda asistencial. Los cuidados paliativos son una parte esencial de la lucha contra el cáncer y pueden dispensarse de forma relativamente sencilla y económica. . Los cuidados paliativos consisten en el cuidado total activo del cuerpo, la mente y el espíritu del paciente, y en la prestación de apoyo a la familia. Comienzan cuando se diagnostica la enfermedad y prosiguen al margen de que el paciente recibe o no tratamiento contra la enfermedad.

Como en todos los Países de Latinoamérica, los cuidados Paliativos en Perú, constituyen un área casi desconocida y poco comprendida por las autoridades de Salud y por la población en general que no sabe a quién dirigirse ante una situación de enfermedad irreversible e irrecuperable.

Las deficiencias Sanitarias respecto al área de abastecimiento de fármacos opioides. Así, los costos del manejo de síntomas, son un verdadero suplicio a la economía del hogar para el paciente terminal.

Desarrollar los cuidados paliativos como una red nacional no ha sido fácil en nuestro país y los países latinoamericanos por múltiples razones: poca importancia de los mismos, falta de recursos económicos destinados a este fin, escasez de personal capacitado a nivel nacional para cubrir las necesidades de todo el sector salud, y la necesidad de crear conciencia en las políticas de estado. Los cuidados paliativos tienen como objetivo fundamental aliviar el sufrimiento y mejorar en lo posible la calidad de vida de estos pacientes. Esto supone necesariamente que los profesionales y las Administraciones sanitarias asuman el reto de prestar una atención integral que tenga en cuenta no sólo los aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales, sino también el que se preste en el lugar idóneo, con especial énfasis en el periodo agónico, y teniendo en cuenta a los familiares en el proceso de duelo cuando sea necesario.

La Organización Mundial de la Salud destacaba en 1990 como pilares fundamentales para el alivio del sufrimiento el desarrollo de programas de cuidados paliativos, el facilitar la disponibilidad de opioides y el mejorar la formación de los profesionales en cuidados paliativos. Esta recomendación insiste en la necesidad de desarrollar un marco político nacional coherente e integral para los cuidados paliativos que incluya nueve apartados: principios guía, estructuras y servicios, política asistencial y organización, mejora de calidad e investigación, educación y formación, familia, comunicación, trabajo en equipo y acompañamiento en el duelo. Los cuidados paliativos deben ser parte integral del sistema de cuidados de salud de los países y, como tal, deben ser un elemento de los planes de salud generales, y de los programas específicos relativos, por ejemplo, al cáncer, SIDA o geriatría.
Sabemos que el más del 70% de pacientes en fase terminal presentan dolor, este no es inevitable: se puede reconocer y se debe combatir. Sin embargo, dentro de nuestro trabajo, nos hemos acostumbrado a no verlo, a no escucharlo y a considerar que el paciente que se queja es un simulador, y porque después de haberlo detectado, comunicado y no haber visto ningún resultado con las prescripciones proporcionadas , hemos terminado pensando : “ no hay nada que hacer”.

Por lo tanto, no siempre se intenta evitarlo, ni se informa más de él. Recordemos que: “el dolor que mejor se tolera es el ajeno “. Por lo tanto, aunque el paciente renuncie a comunicarnos su dolor, ¿que nos recuerdan las definiciones mismas de nuestra profesión?

Hay dos decálogos que nos invitan a reflexionar:

  • La enfermera ejerce su profesión dentro del respeto a la vida y a la persona humana. Respeta la dignidad y la intimidad del paciente y su familia, esto supone que reconozcan al individuo y su sufrimiento, pero también que utilicemos todos los medios a nuestro alcance que puedan ser útiles para conseguir la desaparición del mismo. El respeto a la dignidad implica que no se inflijan dolores innecesarios.
  • Los objetivos de los cuidados de enfermería pueden definirse en varios puntos: prevenir y evaluar el sufrimiento y la angustia de las personas y participar en su alivio; proteger, mantener, restaurar y estimular la salud de las personas o la autonomía de sus funciones vitales, físicas y psíquicas, teniendo en cuenta la personalidad de cada una ellas y de sus componentes psicológicos, social, económico y cultural. No juzgar los medios a los que recurra un individuo para expresar su dolor.

El control del dolor es una mejora de la calidad de vida, Igualmente, cuando ha desaparecido toda esperanza de curación, hay que saber escuchar la angustia, también que es un dolor. Nuestros pacientes no siempre tendrán la necesidad de un analgésico. Y a menudo el único medicamento que podremos administrarle será nuestra presencia, nuestra atención y en ocasiones nuestras palabras.

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