El día de Pascuas se presentó un señor muy elegante y lleno de energía en la estación de enfermería, le ofrecí ayuda y el pregunto por una enfermera en particular, a la cual llamaré Sofía, confirme que ella tenía turno y la llame, cuando ella lo vio, abrió los ojos tan grandes y lo abrazo, fue un abrazo tan genuino y lleno de mucha emoción, el resto del personal nos quedamos mirando.

Inicialmente no entendía que estaba pasando, luego alguien mencionó el nombre de aquel señor; era un paciente que había estado en el servicio de oncología por 6 semanas, en ese entonces su estado era tan crítico, estaba muy delgado, sin cabello, su voz era tan débil, a esto se sumaba su profunda depresión que contribuía a la falta de apetito.

Fue Sofía quien reconoció al ex paciente, esta vez con cabello, lleno de fuerzas, con una hermosa sonrisa, me emociono esa relación entre los dos, fui testigo de esa conexión, hablaban de las pascuas del año pasado, el le decía: “Recuerdas que el año pasado como hoy yo estaba postrado en una cama lleno de vías y medicamentos” y ella le decía: “Claro recuerdo que ese día, sus alumnos vinieron y le cantaron una canción”, luego el paciente pregunto por el hijo de Sofía, sabía su nombre, había calculado su edad y le trajo un regalo para él, ella agradeció, y seguían su amena conversación, todo fluía como si se conocieran de toda la vida, solo ellos entendían sus preguntas y respuestas, y ambos recordaban momentos pasados en la Pascua previa, era un momento mágico; ella tenía un suero en la mano, probablemente estaba yendo a alguna habitación, sin embargo se detuvo a conversar con él y brindarle toda su atención, lo miraba a los ojos fijamente con un brillo resplandeciente, una sonrisa cálida y sincera, mostraba gran satisfacción; yo me quedé observando contemplando y siendo testigo del gran impacto que esta enfermera pudo causar en la vida del paciente y al mismo tiempo la enorme satisfacción que sentía Sofía de sentir que el paciente se tomó un tiempo en Pascuas para  buscarla y agradecerle el haberlo cuidado.

No fui protagonista de esto, sin embargo  disfrute mucho  ver como un paciente literalmente recordará a esta enfermera por el resto de su vida, alguien que le impartió no sólo cuidados sino lo hizo sentir un ser humano, alguien que le dio esperanza e invirtió tiempo contándole un poco más sobre su vida para generar un tema de conversación ya que él no quería hablar de su historia,  pues estaba sin ánimos de nada, alguien que es mi colega y nos dio una lección a todos los que vimos ese encuentro.

Esto fue un gran regalo de pascuas una gran lección aprendida, gracias Sofía.

Gracias a todos los enfermeros que se toman un tiempo extra y establecen una relación más cercana con sus pacientes.

Bendiciones enfermeros.

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