Recuerdo con mucha claridad, cuando empeze a trabajar oficialmente como enfermera profesional, empece en el mes de Agosto, a inicios de noviembre el rol para trabajar en la Navidad estaba en discusión, la mayoría pedía libre el 24 por la noche, en nuestra cultura es muy importante la noche buena ya que se disfruta la cena familiar, la oración y los niños esperan con ansias para abrir sus regalos, para mi sorpresa me dieron libre esa noche, no fue precisamente lo que hubiera querido puesto que mi familia estaba en otra ciudad, y yo aún soltera iba a pasar la noche buena sola y tal vez durmiendo, por lo tanto yo prefería trabajar la víspera de la Navidad, yo sabia que una enfermera, madre de tres niños quería que le cambien el turno, y se lo propuse, ella lo tomo como un regalo puesto que sus niños ya estaban algo enojados y tristes sabiendo que ella trabajaría en noche buena; hasta ahora recuerdo el rostro lleno de alegría y felicidad de la colega.

Yo trabajaba en un hospital oncológico del estado, en la capital de mi país (Peru), ahí se veían los casos más complejos que no podían ser tratados en provincias, muchos de los pacientes llegaban y no tenían dinero para las medicinas o simplemente no tenían visitas, era una cruda realidad con la cual lidiar; la enfermedad y la carencia de dinero.

Recuerdo que esa guardia fue muy especial, era mi primera Navidad sola, fuera de hogar, y mi primera Navidad en el hospital como enfermera, de hecho el ambiente era diferente a una guardia normal, todo el mundo parecía verte con amor, tenía la sensación que todos caminaban con el corazón inflado, hasta parecía que flotaban, veía mas sonrisas y más amabilidad que de costumbre, era un ambiente agradable con las colegas y el resto del personal, sin embargo dentro de las habitaciones estaban los pacientes, postrados en sus camas; el hospital era muy estricto en cuanto a permitir que familiares se queden a dormir velando los sueños de sus pacientes, ya que cada habitación era compartida, y el espacio era muy reducido; por lo tanto la mayoría de pacientes estaban solos, ahi el ambiente era diferente, algunos pacientes sonreían, pero se notaba tristeza en sus miradas, algunos simplemente se hacían a los dormidos y no querían hablar, era una mezcla total de emociones, para ellos la Navidad era un día más postrados en el hospital, lidiando con su salud, y con la incertidumbre de cómo será el curso de la enfermedad.

Empezó el turno como costumbre, ya cerca de las 12 de la noche, se escuchaba todo el bullicio afuera del hospital, fuegos artificiales, sonidos estridentes de cuetones, y mucha algarabía, en ese momento hicimos una ronda con la otra enfermera para saludar a los pacientes y desearles feliz Navidad, muchos de los pacientes no podían dormir por el alboroto que se escuchaba alrededor, por lo tanto pudimos abrazar a muchos de ellos y desearles mucha paz y una pronta recuperación.

Sin embargo una paciente en medio de todos nos llamó mucho la atención, a pesar que La Luz era muy tenue; después de saludarla nos agarro las manos y nos dijo que nuestras palabras y abrazos, habían sido el mejor regalo que ella había recibido, que hace tiempo no sabía cómo se sentía que alguien te de un abrazo con auténtico cariño, se hecho a llorar, y con pausas iba hablando; nos contó que sus familiares la habían llevado ahí hace 20 días y que después nadie había ido a visitarla, ella imaginaba un sin fin de cosas, dijo que prefería morir antes que tener que enfrentar a la indiferencia de sus familiares, la asistenta social ya había evaluado a la paciente, pero la paciente nos dijo que ella no quería causar molestias y no había hablado con nadie sobre su real situación, porque dentro de su imaginación tenía la idea que si se quejaba mucho el personal se enojaría con ella, sin embargo en ese momento nos contó de manera casi resumida todo lo que había estado sintiendo desde que fue hospitalizada, parecía que estaba con la necesidad de decir todo lo que sentía y no paraba, nosotras sólo atinamos a escucharla.

Estuvimos con ella el tiempo necesario para que se desahogue, por un momento olvide que tenía más pacientes a mi cargo, en aquel entonces eran más de 18, pero ella se había convertido en una prioridad, era alguien que estaba abriendo su corazón y merecía ser escuchada, al finalizar respiró profundamente como cuando alguien se quita n peso de encima y nos dijo que le había hecho mucho bien haber hablado y al mismo tiempo nos pidió que no dijéramos nada al respecto, yo pensaba que debíamos respetar la voluntad de la paciente, pero la otra enfermera con mayor experiencia que yo le explico que nuestro deber era intervenir ya que habían algunos problemas alrededor de ella, le explicó muy cuidadosamente como se procedería y la paciente acepto.

Al día siguiente se hicieron las coordinaciones con la jefa del servicio, la asistenta social, inclusive nos atrevimos a pedir aporte económico a los residentes de medicina, la asistenta logró ubicar a la familia y hablo con ellos.

Después de un trabajo en equipo la paciente recibió medicamentos para el dolor, regalos de voluntarios, y la visita de sus familiares…

Este fue el mejor regalo que tuve gracias a la Navidad que pase en el hospital, porque gracias a la magia de la Navidad la gente se vuelve más sensible y empieza a hablar, a escuchar, a dar amor, a ayudar y a muchas otras cosas más…

Si tienes guardia la víspera de Navidad o la Navidad en sí, bendice esa guardia y solo prepárate para recibir lo mejor de lo mejor, experiencias que te regalan satisfacciones que duran toda la vida porque se quedan grabadas en tu memoria y en tu corazón.

Mi sincero saludo para cada enfermero que es capaz de regalar su tiempo y su servicio en fechas tan importantes como la Navidad, que Dios derrame muchas bendiciones en sus vidas.

¡FELIZ NAVIDAD QUERIDO ENFERMERO!

Anuncios