Por: Lilia Aguilar

Todos los días enfrentamos contratiempos o situaciones de estrés en nuestro trabajo, sin embargo ¿Qué es lo que hace que una persona continúe realizando sus labores y otra no?, ¿Cómo es que las mismas circunstancias pueden producir dos resultados tan diferentes, como el éxito o el fracaso? ¿Qué es lo que permite a determinadas personas prosperar a pesar de los eventos difíciles? La respuesta es la resiliencia emocional de dichas personas; pero, antes de empezar a discutir acerca de la resiliencia, debemos reconocer que los retos, los contratiempos y los obstáculos ocurren de manera natural y, como tales, no pueden ser planeados, controlados o evitados.

El interés por la resiliencia es antigua aunque ha sido en los últimos años cuando ha cobrado relevancia debido a que estudios psicológicos de seguimiento indican que hay personas que enfrentan condiciones difíciles o incluso traumáticas y no desarrollan problemas de salud mental. El término resiliencia procede del latín resilio, que significa volver atrás, resaltar o rebotar. La definición de resiliencia en el campo la metalurgia, es la resistencia de un cuerpo a la rotura por golpe; o bien, la facultad de un material de recuperar su forma original después de someterse a una presión deformadora. Adaptando estos términos a nuestro contexto podemos decir que la resiliencia es habilidad para afrontar el estrés y los eventos adversos de manera exitosa, manteniendo un sentido de propósito, equilibrio y bienestar mental y físico positivo, e implica múltiples elementos físicos, psicológicos y emocionales; en otras palabras la resiliencia implica prosperar a pesar de la adversidad y no simplemente sobrevivir a una situación.

A diario escuchamos noticias con signos de inestabilidad, como crisis financiaras, volatilidad en los mercados y descontento social entre otras; aunado a los factores inherentes de la administración de los sistemas de salud, como cambios en las acciones gubernamentales, reestructuraciones organizacionales, mayor uso de tecnología, etc., por lo que no es de extrañar la mayoría de l@s enfermer@s experimenten una ansiedad constante. Y si a este ambiente le sumamos las experiencias de la vida profesional diaria se crea un efecto acumulativo sobre las perspectivas y las habilidades para responder al cambio y a los acontecimientos adversos. Claramente de lo anterior podemos deducir la importancia de mejorar nuestras capacidades de resiliencia.

Los líderes de enfermería pueden desarrollar la resiliencia a nivel personal y a nivel de grupo, estas estrategias implican varios pasos que incluyen evaluación, aceptación, adaptación y acción.

  • Evaluación. Una valoración cuidadosa de los eventos, el ambiente y las características de los individuos representa un punto de partida para la resiliencia. El reconocer la naturaleza de los acontecimientos, sin negación, dilación o racionalización aumenta las probabilidades de recuperarse ante la adversidad. El tener datos sobre los cuales construir conclusiones exactas desempeña un papel crucial en la evaluación. Sin esa información, un líder podría dejarse llevar por sus corazonadas, y aunque no es totalmente ilógico, es un enfoque arriesgado. Un líder resiliente debe contar con la información exacta sobre las circunstancias y los recursos.

Reconocer y responder a las emociones asociadas con la adversidad es un paso importante en el desarrollo de la resiliencia. Este reconocimiento comienza con uno mismo, y luego pasa al reconocimiento de las reacciones emocionales entre los miembros del personal. Tener en cuenta la relación entre sentimientos, pensamientos y comportamientos permite al líder resiliente anticipar las respuestas de otros y considerar las contingencias para resolver los problemas. El que se reconozca la probabilidad de éxito al desarrollar una tarea dada, hace que veamos dicha tarea como un desafío en lugar de verla como una amenaza.

  • Aceptación. Es simplemente admitir las circunstancias después de la evaluación. Y es en esta etapa, cuando la solución o parte de esta implica un cambio en nuestra actitud o “forma correcta” de hacer las cosas que entramos en conflicto. La estrategia para evitar esto y aumentar la resiliencia, es ver los eventos estresantes de nuestro trabajo como inevitables, en lugar de impactantes, y planificar maneras de mantenernos enfocados y trabajando. Para esto se deben desarrollar ideas alternativas y considerar “qué pasaría si    contratiempo     …” al momento de concebir nuestros proyectos.
  • Adaptación. En lugar de simplemente permitir que el ambiente cambie, el líder resiliente busca maneras creativas de hacer que funcione dicho cambio. Sin embargo, para cambiar un comportamiento, primero debemos cambiar la manera en pensamos sobre dicho acontecimiento. Una de las estrategias más eficaces para adaptarse a los eventos adversos es aprender a replantear el evento de una manera más manejable y menos amenazante. Existen técnicas para aprender patrones de pensamiento positivo; entre las más utilizadas se encuentra un acercamiento a la aptitud emocional llamado el modelo ABCD. En este modelo tratamos de entender que las Consecuencias emocionales (C) resultan, no de la Adversidad (A), sino de las Creencias sobre el evento (B, Belief, en inglés), por lo que entonces el evento es Dispuesto (D) de manera poco realista. El desarrollo de la resiliencia va dirigido a identificar creencias irreales sobre acontecimientos difíciles o traumáticos y entonces ofrecer alternativas a tales creencias.

Los líderes de enfermería necesitan desarrollar la capacidad de explicar los eventos y los cambios necesarios en formas que sean compatibles con los valores de los miembros del equipo. Reorganizar los eventos de una manera realista y accesible permite que los miembros del personal permanezcan optimistas y reconozcan la naturaleza significativa de su trabajo.

  • Acción. Inevitablemente la resiliencia deriva en la acción, la respuesta a los eventos adversos requiere la evaluación del impacto del evento, la identificación de lo que puede ser controlado y el desarrollo de opciones para tratar con el evento y sus efectos o resultados.

Los líderes resilientes involucran a los miembros del equipo en la consideración de posibles obstáculos para avanzar hacia la nueva realidad. Una parte esencial de la acción consiste en dominar los pensamientos negativos automáticos, tales como el pensamiento catastrófico (“Esto es lo peor que podría suceder”), la personalización (“¿Por qué me pasó esto?”) y la sobre-generalización (“Esto siempre sucede”). Los líderes eficaces deben desafiar estos patrones de pensamiento y, en su lugar generar alternativas.

En la practica la resiliencia implica un cambio en la manera en que las personas piensan acerca de las circunstancias. Aunque los líderes no pueden alterar directamente las formas de pensar, ciertamente pueden ofrecer alternativas.

En la práctica el consejo para el líder de enfermería seria que aumente la comunicación con los miembros del personal, tanto en reuniones planificadas, como conversaciones informales e improvisadas. Estas pláticas deben centrarse en una visión realista y optimista de la situación actual. Los temas de conversación pueden incluir eventos que las personas prevean, junto con la discusión sobre la probabilidad de que los eventos ocurran en realidad. Otra estrategia podría ser, reconocer las emociones que el equipo está experimentando; ignorar la ansiedad y la preocupación no hacen que estos se vayan.

Aunado a los anterior, el líder debe aprovechar las oportunidades para agradecer a su equipo por lo que hace, mencionando los talentos y habilidades que contribuyen a la efectividad del grupo de trabajo. Un método eficaz para ayudar a los miembros del personal a desarrollar la resiliencia es involucrarlos en la identificación de opciones de acción. Haciendo preguntas como “Si sucede _______, ¿qué haríamos diferente de lo que estamos haciendo ahora? ¿Cómo se vería o se sentiría? Esto permite avanzar hacia la creación de un mapa de acción, en lugar de quedarse atrapado en el descontento.

La experiencia sugiere que el futuro tendrá retos diferentes a los ya vividos. Este hecho hace un llamamiento a los líderes para que desarrollen su pericia en el fortalecimiento de la resiliencia entre los miembros del personal con el fin de guiar a los grupos de trabajo y organizaciones. El desarrollo de tales habilidades no es fácil, pero mejorar la capacidad de resiliencia representa una competencia esencial del liderazgo.

Lecturas.

Caldeira, S., and Fiona Timmins. “Resiliencia: síntesis de análisis y contribución conceptual a clasificaciones de enfermería.” International nursing review en español: revista oficial del Consejo Internacional de Enfermeras 63.2 (2016): 205-213.

Esteban González, Silvia. “Relación entre niveles de resiliencia y niveles de burnout en el personal de enfermería. Revisión bibliográfica.” (2016). http://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/17698/1/TFG-H420.pdf

Navas Cámara, Francisco José. “Estrategias de intervención en profesionales de enfermería con Síndrome de Burnout.” (2016). http://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/19293/1/TFG-O%20843.pdf

Thomas, Lisa Jean, and Susan Hunter Revell. “Resilience in nursing students: An integrative review.” Nurse education today 36 (2016): 457-462. https://www.researchgate.net/profile/Lisa_Thomas32/publication/283640235_Resilience_in_nursing_students_An_integrative_review/links/5763f4ba08aedbc345e8f2ef.pdf

 

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