Por: Yiuvany Aguilar

Puede decirse que entramos a el mundo físico con la ayuda de médicos, enfermeros y personal auxiliar especializado y entrenado, una habitación con equipo especial, y a activa participación de la familia. En contraste, salimos del mundo físico lo mejor que podemos. La muerte, aunque inevitable, es un tema del que se habla poco en las familias hasta que está en la puerta, y luego se discute con tonos apagados, frecuentemente con gran angustia.

Para el individuo que se aproxima a la muerte es todavía más dificil. Cuando aquellos que están muriendo se acercan a sus familias deseando hablar sobre la muerte y el morir, usualmente son silenciados, estimulándolos a mirar el lado positivo o asegurándoles que todo está bien.

En este juego, todos saben lo que está pasando pero nadie habla de ello o lo reconocen con otras personas, excepto quizá en breves momentos de liberación emocional. Como resultado, el tema del que nadie habla crece y crece, con lo que todos los involucrados aumentan su conflicto interior, pero nadie lo expresa abiertamente.

La muerte no es algo que deba temerse o callarse. En verdad está bien morir y así como hablamos de otros eventos en nuestra vida, está bien hablar sobre la muerte. La parte que asusta es todas las emociones inconcientes que surgen, basándonos en los sentimientos no integrados de pérdidas pasadas en nuestra vida sobre las que no podemos hacer nada.

Cuando reconocemos los sentimientos que tenemos, asustados, abandonados, solos, sin apoyo, fallando, etc., somos capaces de de llevar la luz de la conciencia a la situación. AL hacerlo, comenzamos a darnos cuenta que está bien tener estos sentimientos, que son parte de la experiencia. Esto hace que dichos sentimientos no sean buenos ni males, simplemente lo que estamos experimentando.

Al hacer esto, nos volvemos más comprensivos y aceptamos a nosotros mismos y a los demás. Comenzamos a descubrir los dones internos de bondad, compasión, paz, dignidad y liberación. Comenzamos a darnos cuenta de la importancia de un lugar para morir con dignidad, lo que algunos llaman ‘la habitación dorada’.

Hay muchos dones internos que comienzan a aparecer en nuestra vida a medida que concientemente ponemos atención a la misma y a la forma en que fluye. Hay cinco de estos dones que son profundamente conmovedores en el contexto de la muerte y el moribundo. Cada uno de ellos representa un importante atributo que subyace en la conciencia que nos mueve más allá del miedo y el adormecimiento de la finalidad de la muerte física. Este cambio en la conciencia es fundamental no solamente para trascender la muerte sino también para realmente vivir en nuestra vida presente, en este momento. Sin este cambio de conciencia permanecemos atorados en nuestras experiencias del pasado y no aprendemos.

Los cinco dones internos del final de la vida son: bondad, compasión, paz, dignidad y liberación. Como enfermeros, debemos valorarlos, cultivarlos y compartirlos, si bien con todos, particularmente con el moribundo.

Bondad.

La bondad es una palabra que no se escucha con frecuencia en estos días; describe una cualidad de decencia, amabilidad, honestidad, integridad y aún corrección, las cuales son cualidades simples pero profundas que emergen a través de vivir el momento presente. Para los profesionales de la salud se refiere a ofrecer cuidado en una manera amable y gentil, que no toma atajos ni es influenciada por circunstancias extrañas como son la vida y opiniones personales.

Es sobre estar ahi, en el momento, para asistr a esta persona y a su familia, para moverse hacia las soluciones. Es tomarse el tiempo para estar presente por completo en lo que sea necesario ahora, ya sea humedecer los labios del moribundo o estrechar los hombros de un miembro de la familia, cansado por una larga noche de vigilia, observando y esperando. Es sobre la amabilidad y decencia de cuidar de alguien, en una situación irreversible e inevitable.Para el moribundo, la bondad es sobre la libertad de expresarse y el tiempo de recibir toda la amabilidad y dones de estar en este momento, rodeado por personas, familia y cuidadores, que también están en este momento. Y estando aquí, en el tiempo entre dos mundos, la persona que fallece se puede sentir segura, sabiendo que se está atendiendo lo que lo que se requiere físicamente y que todo lo que tiene que hacer es permitir que este proceso natural tenga lugar de manera gentil y sencilla. La bondad se vuelve valiosa y evoluciona naturalmente si vivimos el momento presente y descubrimos lo que cada momento nos ofrece, cuando respondemos con conciencia más que con miedo.

Compasión.

La compasión se refiere justamente a ‘pasar’ una preocupación gentil, consideración y cuidado que ayudan a la persona moribunda a experimentar lo más posible la muerte amable que todos deseamos. La compasión habla de estar ahi en empatía, sintiendo profundamente, reconociendo nuestros sentimientos y moviéndonos hacia ellos, descubriendo la liberación en su centro. Esto es moverse más allá, para estar con la persona en conciencia y entrelazándose de tal manera que con frecuencia no se necesitan palabras, pues las cosas son conocidas y aceptadas.

La compasión surge de un profundo conocimiento interior de que, más allá de la apariencia, más allá del desenlace, de alguna manera, las cosas son justamente como se supone que deben ser y que la muerte y el morir son simplemente otra fase en el ciclo de la vida física. La gentileza que se expresa a la persona moribunda y a la familia está más allá de la explicación; es como una transmisión de amor incondicional que pasa a través del sentido del tacto, del sonido de la voz, de la mirada en los ojos. Es la luz y el amor de una entidad superior, si así queremos verlo, que pasan a través nuestro.

Paz.

La paz que con frecuencia se asocia con la muerte es ‘la paz que pasa toda la comprensión’. Esta es la profunda paz interior que nuestra alma desea pasar gentilmente hacia el siguiente plano. Esta paz ha sido con frecuencia descrita como una calma, una quietud interior y un silencio confortable que se siente como si todo en la vida propia y en el universo está en armonía.

Refleja una conectividad profunda a todo lo que es y a todo lo que será. Esta es la paz ‘sentida’ que se encuentra dentro de nosotros aun en medio del caos o dolor en el exterior.Es la paz sentida independientemente de la apariencia o la situación. Es la paz que proviene de saber que todo avanza justo como debe hacerlo, aunque nuestra mente humana no puede controlarlo, cambiarlo o aun comprenderlo. Esta paz refleja el estar en el momento presente, vivirlo y aceptando la vida en sus términos, y aceptar la vida en sus términos significa que no podemos siempre controlar lo que pasa en la misma. Lo que podemos controlar es la calidad con que nos movemos a lo largo de nuestras vidas.

Dignidad.

La dignidad es el reconocimiento de que cada persona es merecedora de respeto y gentileza, con una aceptación de la muerte como parte natural de la vida. A medida que nos permitimos movernos más y más en el momento presente, comenzamos a descubrir una dignidad, una reverencia a toda la vida.

Comenzamos a respetarnos y a tener un orgullo humilde, con respeto y equilibrio aun hacia nosotros mismos. La muerte es una experiencia que cambia la vida de todos los involucrados. La muerte con dignidad es otorgar el respeto y la estima tanto a la persona que fallece como al proceso mismo de la muerte. Existe un misterio aquí del que solamente podemos especular, pero este misterio no debe ser rechazado, sino debemos honrar y respetar lo que está ocurriendo.Como enfermeros hemos hecho un compromiso para cuidar de las personas y ayudarles a través de situaciones cambiantes de salud.

Cuidar de otra persona es un trabajo íntimo y sagrado. Siempre tenemos la elección de cómo trabajar con las personas. Podemos hacer una mueca y trabajar a través de cada etapa, inmersos en nuestras propias preocupaciones sobre lo mucho que tenemos que hacer, con poco respeto y gentileza por nosotros mismos y este trabajo que estamos realizando, o podemos estar en este momento, con serenidad, equilibrio y una profunda conciencia de la reverencia por la vida y estos últimos momentos de la misma. Al tener dignidad en nosotros mismos, descubrimos que la dignidad de otros y sus situaciones, emerge de manera natural.

Liberación.

La liberación se vuelve evidente cuando permitimos que el orden natural de la muerte y el morir fluyan suave y fácilmente, sin estorbarlo con intentos inútiles para detener lo inevitable. A lo largo de la vida, muchas personas concientes luchan y han aprendido una y otra vez a dejar ir las cosas materiales con gentileza y sencillez. La liberación es algunas veces voluntaria y algunas veces nos es impuesta.

El desafío no es la liberación en sí, sino la emoción que va junto con ella. La muerte es un hecho. El hecho no es el desafío. ¡La emoción que va junto con la muerte es el desafío! A medida que vivimos más y más en el momento presente y reconocemos nuestros sentimientos a medida que surgen, y los sentimos con las pequeñas cosas diarias, entonces cuando se presentan las grandes cosas, somos más capaces de sentir la emoción, reconocerla, y permitirle ser sin tratar de cambiarla. Entonces ocurrirá la liberación con mayor facilidad. Hay un ciclo natural, un orden de esta cosa que llamamos vida. Liberar, dejar ir lo físico, es una parte natural del ciclo de la vida.

Finalmente, gratitud. Cuando se completa el ciclo, con estos dones internos del final de la vida, uno comienza a sentir un sentimiento de profunda gratitud. Esto ocurre para el cuidador, la familia y la persona que está por fallecer, y se presenta en la forma de un conocimiento de que todo está bien. Se está atendiendo lo que debe, y este sentimiento ayuda en la liberación apacible de este mundo físico. Todos podemos sentir el honor de estar con esta persona en este momento, entre dos mundos. Esta es la gratitud profunda por la vida, por el viaje, por el ser más allá de los planos de existencia.

Lecturas recomendadas.

Galán, Ángela María Ortega, and María Dolores González de Haro. “El valor de la dimensión espiritual en el final de la vida desde la perspectiva de los profesionales de enfermería.” Medicina Paliativa 23.2 (2016): 93-98. https://enfermeroslideres.files.wordpress.com/2017/07/medicina-paliativa-volume-issue-2014-doi-10-10162fj-medipa-2013-09-004-ortega-galc3a1n-c3a1ngela-marc3ada-gonzc3a1lez-de-haro-marc3ada-dolores-el-valor-de-la-dimensic3b3n-espiritu.pdf

Keegan, Lynn, and Carole Ann Drick. “A new place for death with dignity: The golden room.” Journal of Holistic Nursing 29.4 (2011): 287-291.

Manrique, María Linares, et al. “TRANSCULTURA, EDUCACIÓN, CUIDADOS DE SALUD-ENFERMEDAD-MUERTE Y NECESIDAD DE FORMACIÓN ESPECÍFICA EN UNIVERSITARIOS.” REPOSITORIO DE REVISTAS DE LA UNIVERSIDAD PRIVADA DE PUCALLPA 1.02 (2017). http://www.uppvirtual.org/revistas/index.php/RICCVA/article/download/24/16

Marti-Garcia, Celia, et al. “Formación en cuidados paliativos y efecto en la evaluación emocional de imágenes de muerte.” Medicina Paliativa 23.2 (2016): 72-78. https://www.researchgate.net/profile/Rafael_Montoya-Juarez/publication/260758328_Formacion_en_cuidados_paliativos_y_efecto_en_la_evaluacion_emocional_de_imagenes_de_muerte/links/5449340e0cf2f63880810a3b/Formacion-en-cuidados-paliativos-y-efecto-en-la-evaluacion-emocional-de-imagenes-de-muerte.pdf

Stochero, Helena Moro, et al. “Sentimientos y dificultades en el afrontamiento del proceso de morir y la muerte por estudiantes de enfermería.” Aquichan 16.2 (2016): 219-229. http://aquichan.unisabana.edu.co/index.php/aquichan/article/view/5622/html

Tobajas, María Celia Díaz, et al. “Estudio de la ansiedad del profesional de enfermeria de cuidados intensivos ante el proceso de la muerte.” Enfermería Global 16.1 (2016): 246-265. http://revistas.um.es/eglobal/article/viewFile/232221/201471

Villacieros, Marta, et al. “Duelos Familiares o Colectivos. Diseño de una Escala de Actitudes hacia los Niños en Procesos de Duelo.” Revista de Psicoterapia 27.104 (2016): 167-179. http://revistadepsicoterapia.com/ojs/index.php/rdp/article/viewFile/64/46

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