Por: Yiuvany Aguilar

Durante más de cien años se ha registrado el fenómeno del bullying en enfermería, con estudios por lo menos durante 35 años sobre el mismo y sus muchas consecuencias tanto para la salud y bienestar de los enfermeros como para la seguridad de los pacientes. Resulta triste que muchas instituciones niegan su existencia o lo aceptan como norma, a pesar de que más de la mitad del personal de enfermería (especialmente los recientemente integrados al medio laboral) lo ha reportado como común o muy común, creando una cultura de silencio que impide encontrar las soluciones a este problema.

El bullying se manifiesta de muchas maneras: el culpar injustamente, el sabotaje, la crítica excesiva, negarse a apoyar a un colega, la humillación, asignar una carga de trabajo no razonable, gritos, amenazas físicas y más. Es lamentable que los perpetradores sean con frecuencia personas dentro del área misma de enfermería, sobre todo de mandos altos y medios, como directores, administradores y supervisores.

Aunque tradicionalmente se ha considerado que los enfermeros jóvenes son las víctimas más comunes el bullying, la verdad es que la edad promedio de las víctimas es alrededor de los 50 años, con unos 20 años de experiencia; entre el personal nuevo se calcula que puede haber abusos hasta en más del 70% de ellos, tal vez porque carecen de un círculo de amigos o conocidos que pudieran protegerlos o al menos advertirles de los potenciales agresores conocidos. Las personas con los atributos de inteligencia, competencia, integridad, compromiso, dedicación y lealtad son más vulnerables a volverse el blanco del bullying en el lugar de trabajo, y más si “se atreven” a proponer ideas nuevas, que pueden ser vistas por alguien a un nivel superior como una amenaza potencial al status quo.

Las consecuencias del bullying están ampliamente distribuidas, e incluyen afectaciones para las organizaciones, la profesión, los enfermeros y los pacientes. Además de impactar económicamente a los hospitales y provocar que muchos enfermeros abandonen la profesión, esta práctica lesiona tanto física como psicológicamente a sus víctimas, con consecuencias como ansiedad, depresión, incremento en el uso de tabaco o alcohol, pérdida involuntaria de peso, baja autoestima, fatiga, cefaleas, hipertensión y angina, entre muchas otras ramificaciones. Incluso se ha estimado que casi el 30% de las víctimas de bullying han contemplado el suicido como via de escape y más del 15% incluso elaboró un plan para llevarlo a cabo.

Adicionalmente, se calcula que el 7% de los enfermeros cometen errores médicos como consecuencia de la intimidación en el trabajo, principalmente al realizar acciones que ponen en peligro al paciente, por temor a solicitar ayuda a un compañero.

¿Por qué continúa esta situación? Es difícil para un enfermero reportan un incidente por la posición que el perpetrador ocupa dentro de la organización, tal vez asumiendo que el reporte no hará una diferencia o el temor a represalias que pudieran incluso costarle el empleo y arriesgar su futuro profesional. Las estadísticas señalan claramente que este temor está bien fundamentado. Además, aunque el bullying en las escuelas ha recibido mucha atención de los medios, el fenómeno dentro del trabajo en general, y en el área de enfermería en particular, es poco conocido por la población.

Dentro de las varias propuestas para resolver el problema del bullying en enfermería, un abordaje que está recibiendo impulso hoy en día es que la solución debe incluir un incentivo para que las instituciones implementen las intervenciones necesarias y asegurarse de que son efectivas. La propuesta incluye el desarrollo e implementación de una herramienta estandarizada para medir el nivel de bullying en los hospitales, que los resultados sean analizados y reportados de manera pública, de una manera similar a la forma en que los pacientes evalúan el cuidado hospitalario, pero enfocado a las perspectivas del personal de enfermería. La idea es que así como las instituciones hacen un esfuerzo para incrementar las calificaciones de satisfacción de los pacientes con los cuidados que reciben, los hospitales, públicos y privados, se avoquen a resolver el bullying hacia y entre los enfermeros, resolviendo el problema de manera definitiva. Esto podría incluir el instituir una política de cero tolerancia o reforzar una política ya en vigor. Los hospitales o departamentos con mejores calificaciones en este sentido, se harían merecedores a recibir una mayor cantidad de recursos necesarios para su desempeño operativo, posiblemente en un menor plazo, lo que beneficia a la institución, la profesión, al enfermero y al paciente: todos ganan.

Dentro de los componentes que se han considerado para el instrumento de evaluación del bullying hacia el personal de enfermería en hospitales, destacan los siguientes:

  • Comportamiento intimidatorio.
  • Recibir gritos.
  • Burlas o sarcasmo en exceso.
  • Chismes sobre mi persona.
  • Observaciones insultantes.
  • Amenazas de violencia o abuso.
  • Bromas prácticas contra mi persona.
  • Recordatorio de los errores cometidos.
  • Sugerencias de que debería renunciar.
  • Crítica persistente hacia el trabajo realizado.
  • Acusaciones contra mi persona.
  • Remoción de responsabilidades.
  • Carga de trabajo inmanejable.
  • Orden de trabajar a un nivel por debajo de mis competencias.
  • Imponer metas inalcanzables.
  • Presión para no utilizar los beneficios del empleo.
  • Retención de información.
  • Ser ignorado o excluido.
  • Hostilidad abierta.
  • Mis opiniones ignoradas.

Todos estos componentes tienen elementos de menosprecio, castigo, conducta inapropiada o exclusión, y pueden significar un factor en detrimento de la satisfacción en el trabajo y la promoción para retirarse del empleo. Ambas consecuencias son costosas para la institución, pues contratar y capacitar a plenitud a un nuevo elemento requiere de todo tipo de recursos que podrían dedicarse a otros fines.

Se estima que un cuestionario muy breve, que incluya solo 4 conceptos, sería sencillo de manejar, con poca carga para los involucrados, además de ser representativos del problema. Estos cuatro conceptos a incluir son los siguientes:

  1. Carga de trabajo inmanejable.
  2. Ser ignorado o excluido.
  3. Ser humillado o ridiculizado.
  4. Retención de información.

Es de esperarse que existan barreras para la implementación de estrategias de este tipo. Por ejemplo, a nivel gubernamental, las partes interesadas necesitan conocer, acordar y dar impulso tanto logístico como económico a los programas. La industria hospitalaria podría objetar la carga administrativa y financiera de aplicar un cuestionario aunque sea sencillo (una escala Likert o similar) y reportar los resultados a la entidad apropiada, además, por supuesto, de desarrollar, implementar e imponer políticas antibullying dentro de las instituciones, esto sin contar con el riesgo potencial que podrían tener las calificaciones negativas en la reputación del hospital.

A pesar de lo anterior, o precisamente a causa de lo anterior, es un hecho que el bullying en enfermería es un problema serio y debe ser confrontado de una manera seria, enviando un mensaje fuerte y claro de que no será tolerado.

Las campañas de educación hacia el personal, así como los cursos y el asesoramiento hacia los enfermeros para prevenir el bullying, han probado ser insuficientes.

Aunque hay muchas intervenciones que pueden ayudar a resolver el problema, es indispensable que exista un incentivo a los hospitales para asegurar que las intervenciones sean implementadas exitosamente. Todos aquellos que se encuentran en la posición de lograr este cambio, deberán reconocer su obligación hacia el personal de enfermería y los pacientes.

Lecturas.

Álvarez Gaez, Lorena, et al. “Acoso laboral a los profesionales de enfermería en Colombia.” (2017). http://repositorio.ucm.edu.co:8080/jspui/bitstream/handle/10839/1752/Lorena%20alvarez%20Gaez.pdf?sequence=1

Jurado, MM Molero, M. C. Pérez-Fuentes, and JJ Gázquez Linares. “Acoso laboral entre personal de enfermería.” Enfermería universitaria 13.2 (2016): 114-123. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1665706316000257

Porles, Chávez, et al. “Violencia en Enfermeras en el Ámbito Laboral.” (2017). http://repositorio.uwiener.edu.pe/bitstream/handle/123456789/463/T061_08204860_S.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Sánchez Barrigón, Irene. “Los futuros profesionales de Enfermería y el Bullying.” (2017). http://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/24722/1/TFG-H967.pdf

Smith, Carolyn R., et al. “Seeing students squirm: nursing students’ experiences of bullying behaviors during clinical rotations.” Journal of nursing education 55.9 (2016): 505-513. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5149060/

Thompson, Renee, and Lynn E. George. “Preparing new nurses to address bullying: the effect of an online educational module on learner self-efficacy.” MedSurg Nursing 25.6 (2016): 412-418. https://www.reneethompsonspeaks.com/wp-content/uploads/2017/01/Preparing-New-Nurses_AMSN.pdf

Vessey, Judith A. “Bullying From the Schoolyard to the Workplace: Lessons Learned.” (2016). http://www.nursinglibrary.org/vhl/bitstream/10755/616492/1/Vessey_J_s22878_1.pdf

Anuncios