En mi primer día como enfermera en el departamento de radioterapia, llega un médico e inmediatamente con un tono de orden, me pidió que le prepare su tacita de café, yo me quedé muy sorprendida, pues la manera en que pidió era como si pedía el reporte de mi paciente, después de procesar lo que estaba pasando, le conteste: “Perdón pero yo no sé preparar café”, a lo que él contestó en tono sarcástico e irónico: “¡Como!, eso no te enseñaron en fundamentos básicos de enfermería?” (para mí su respuesta fue una falta de respeto), lo mire a los ojos, con firmeza y muy cordialmente, le dije: “no, porque no es parte de mi trabajo, lo siento, pero no preparo café”, (a pesar de mi convicción y firmeza tenía un poco de temor  que se genere algún problema, pero  mantuve la calma), luego vi la transformación en su rostro parecía que algo sucedió que lo hizo recapacitar; mi respuesta y mi seriedad le hicieron darse cuenta de lo que había hecho, luego me dijo: “Disculpa, veo que eres nueva, y como siempre me esperan con el café asumí que tú lo harías, pero tienes razón, no es parte de tu trabajo”, y una vez más, se disculpo, luego me preguntó mi nombre y me dio la bienvenida al servicio. Con el tiempo llegamos a ser grandes amigos donde reina el respeto y la sinceridad.

Personalmente pienso que no está mal preparar café para cualquier miembro del equipo que lo pida con amabilidad, sin embargo no me parece que esto se convierta en parte del trabajo, siempre apelo a la cordialidad, al respeto mutuo, a la consideración, a las buenas relaciones y para que eso suceda no es necesario preparar el café de manera rutinaria a nadie.