Te conocí el día que nací, esperabas para darme mis primeros CUIDADOS, te aseguraste de que todo esté bien, me cubriste con un manto tibio y me pusiste en los brazos de mi madre, vi tu profunda alegría al verme por primera vez al lado de ella. Mi me dijo que te llamaban ENFERMER@.
 Te volví a ver, en mi infancia, pendiente de mis vacunas, mi alimentación, mi crecimiento y desarrollo normal, ayudándome a desarrollar mis habilidades y alentándome y felicitándome por mis logros.

En mi adolescencia vi desarrollar tus habilidades como maestra y nos educabas para prevenir enfermedades de transmisión sexual, prevenir el alcohol y drogas, gracias a ti comprendí que estaba en un mundo de elecciones, y que la decisión era mía.

En mi adultez apareciste como un ángel, después de que me dieran el diagnostico de cáncer, fuiste testigo mudo de todo lo que me rodeaba, respetaste mi dolor, mi sorpresa, mis miedos, mi silencio, y hasta a veces mis malos tratos, a pesar de ello supiste guiarme por ese oscuro mundo del terror dándome fuerza, esperanza y ensenándome la luz de la vida a pesar de la adversidad.

Afronte contigo mi primera quimioterapia, y las otras 29 que me prescribieron, los estragos de la radioterapia, los cambios físicos y psicológicos después de la cirugía. Mi mundo se convirtió en tu mundo, contigo aprendí lo que es el AUTOCUIDADO, siempre bajo tu protección y supervisión.
 El tiempo que gane con el tratamiento lo use para poder resolver problemas del pasado, sanar heridas, perdonarme yo mismo y a los demás, reconciliarme con la vida y saludar a la muerte sin temor.
 No lamento que mi enfermedad haya progresado, aprendí de ella también, agradezco a Dios por todo lo vivido.

Ahora que estoy en mis últimos días de vida, sigues aquí mi querido ENFERMER@, como un soldado guardián, pendiente de que no tenga dolor ni angustias, aun cuando no hablas, se que tus manos lo hacen por ti, en su calidez siento amor y vida, me siento en paz, se que estas comprometido conmigo y mi familia, ahora somos tu familia, gracias a ti he atravesado esta etapa con mucha dignidad.

Agradezco a los médicos, nutricionistas, psicólogos y demás profesionales que me acompañaron en este camino; sin embargo quise hacer público mi reconocimiento a ti ENFERMER@ porque estuviste conmigo en muchas etapas de mi vida, pendiente de mi salud y mi bienestar, gracias por los días y noches que me cuidaste esmeradamente como si yo fuera el centro del universo, gracias por tus palabras de aliento, gracias por el abrazo oportuno, gracias por sacrificar la Navidad y Año Nuevo por mí, gracias por dedicar tu vida a los pacientes como yo, gracias por haberme entendido cuando te grite o te trate mal, gracias por estar minutos extras después de tu guardia solo para saber que todo esté bien, gracias por las largas platicas y risas, gracias por haber sido mi confidente, gracias por haberte convertido en la medicina de mi alma, tu pasión por tu trabajo fue tu prioridad y lo reconozco, solo ahora comprendo lo importante que fuiste en mi vida.


Este es mi modo simple de decirte Gracias y decirle al mundo lo importante que eres. 
Muy pronto estaré con Dios y le pediré que te siga dando mucha fuerza para que continúes con tu trabajo a pesar de las limitaciones que muy bien conozco, pero eso no impide que te entregues a tu carrera y te comprometas con ella.

Dios derramara bendiciones para que todos los enfermeros sigan con su MISIÓN en esta vida.

FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO A TODOS LOS ENFERMEROS DEL MUNDO.

Anónimo.