Quiero agradecerte por haberme elegido como tu esposa, por haber insistido con los ramos de flores, por las tantas cajas de chocolate que me enviaste, por las llamadas telefónicas, especialmente de madrugada, por los supuestos encuentros casuales; gracias a tus ingeniosas ideas y tu persistencia pude llegar a conocer al maravilloso ser humano que habita dentro de ti.

Me diste una vida plena, con mucho amor, recuerdo que nunca atinabas con tus regalos, pero sabía cuanto te esforzabas para verme feliz, y eso para mí era más que suficiente, gracias por los momentos maravillosos en todas las estaciones del año, por tu calidez en invierno y por tus frescuras en verano, lo bueno de los conflictos y diferencias era que siempre sacábamos algo bueno, una lección, una enseñanza; tu compañía le dio el complemento a mi vida, gracias por nuestros hijos, por haber sido y seguir siendo un gran padre y amigo.

En este punto de mi vida quiero darte gracias por estar a mi lado desde que me dieron el diagnóstico de cáncer, fue algo que nos impactó pero que al mismo tiempo nos dio la oportunidad de conocernos mejor, nos enseñó a unir fuerzas para no caer al abismo, nos unió en un solo sentimiento, nos hizo reafirmar el compromiso de que estaríamos en las buenas y en las malas; en el curso de mi enfermedad, me llevaste de la mano, disipaste mis dudas, calmaste mis angustias, sufriste mi dolor, contigo a mi lado todo se hizo más fácil, tuviste la delicadeza de abrazarme con ternura para que sienta tu energía y tu fuerza, cuando despertaba angustiada atrapada en la oscuridad de mis temores y siempre estabas ahí para liberarme y susurrar a mis oídos palabras alentadoras, después, todo volvía a la calma y podía dormir en paz.

El tenerte a mi lado cada mañana me daba energía, vitalidad y esperanza de que siempre se puede empezar de nuevo a escribir una nueva historia, tome la decisión de ser feliz en el momento. Siempre me sentí victoriosa por el solo hecho de tener tu valioso apoyo.

Gracias por las largas noches que te pasaste en vela, por aprender mis cosas favoritas, por tratarme como una reina, gracias por haberme demostrado tu amor tan real a pesar de mis cambios físicos y emocionales y no salir corriendo, tal vez como otros, si lo harían, gracias por los largos recorridos que hiciste junto a mí buscando las mejores opciones de tratamiento, gracias por tu paciencia en medio de la incertidumbre, gracias por regalarme tu mejor sonrisa después de un llanto reparador, gracias por haber entendido mis conflictos, fuiste y eres fuente constante de paz en medio de la tormenta. Gracias a tus largas platicas pude reconciliarme con la vida y saludar a la muerte sin temor. Gracias por liberarme de culpas con tu perdón, y gracias por perdonarme a mi.

Y también gracias por tus malas palabras, de hecho eran muy necesarias en algún momento, tu autenticidad hizo que te ame más cada día, gracias por haberme dado tanto a cambio de una sonrisa mía.

Te puedo asegurar que el día que ya no esté yo estaré en paz, y quiero que tengas paz en tu corazón, tal vez tendrás muchas preguntas y pocas respuestas, pero en el transcurso iras entendiendo el porque y para que, se dieron así las cosas, la aceptación te ayudará a poder avanzar en la vida.

Mis bendiciones están contigo hoy y siempre, te amo.
Infinitamente GRACIAS, querido esposo.

Veronica.