Allá por los años maravillosos cuando realizaba uno de mis turnos de día, sentí desde el reporte que no iba a ser un buen día, pues vi la cantidad de procedimientos y necesidades que tenía que atender, mi agenda estaba súper apretada, ya no cabía espacio para anotar la hora del almuerzo, pues todo estaba copado, pero era lo ultimo en lo que podía pensar, “en comer”, a quien se le puede ocurrir comer en medio de tanto caos.

Empecé supuestamente a organizarme y termine mas desorganizada y confundida; la teoría no me ayudaba, usaba mis conocimientos de organización, gestión, manejo del tiempo, planificación, y termino mezclándose todo contra todo; de hecho ya yo había visualizado mi día desde el reporte, tal vez eso marco mi día, mi manera de pensar y mi actitud fueron determinantes. Sin embargo como quien no se da por vencido aparentaba que todo estaba bajo control, sin pedir ayuda a nadie, y tratando de surfear las olas de la desesperación e impotencia, con una sonrisa totalmente forzada; claro dentro de mi, había una ebullición de hormonas que se mezclaban y estaban a punto de estallar, literalmente yo era un material radioactivo andante, nadie me podía tocar o decir nada, podía EXPLOTAR.

Y aquí viene el tiro de gracia, tenía que dar el alta a una paciente cuadriplegica, el equipo de la ambulancia ya estaba esperando por ella, lo mismo que la madre, no había llenado las formas del alta, tampoco había removido el aguja del porta cath, se me había ido la mañana no se como, tal vez se fue volando y no me di cuenta, lo cierto es que producto de mi estrés y prisa, retire la aguja del porta cath casi por inercia, y cuando esta, estaba fuera reaccione y mire la aguja como quien ve el arma con que el asesino mato a su víctima; al mismo tiempo la madre que ya sabia como era el manejo de estas cosas me pregunto: ” le pusiste heparina?, yo iba a vomitar, pude haberle dicho que si, pero inmediatamente le dije: “NO”, me imagino que mi rostro mostraba miedo, estrés, culpa, y quien sabe que mas, la respuesta que tuve por parte de la madre me devolvió la esperanza; me dijo: ” bueno, no hay problema, yo se que estas muy ocupada pero tendrás que ponerle otra aguja, pones la heparina y todo estará bien, mientras tanto yo coqueteare al personal de la ambulancia” … Sus palabras me dieron calma en medio del caos, mi autoestima volvió al nivel anterior, mi concepto de que era un fracaso como enfermera había cambiado (en aquellos tiempos mi autoestima dependía de la opinión de los demás).

En el momento del caos me sentí como un elemento negativo y un peligro para la humanidad, al escuchar las palabras de esta bendita madre, recupere mi autoestima y mi titulo de enfermería sentía que seguía siendo la Licenciada de Enfermería, algo estresada pero con ganas de seguir adelante y ser agradecida por este tipo de experiencias que a pesar de ser desagradables ayudan al crecimiento profesional.

Si tienes alguna mala experiencia solo te puedo decir que no es el fin del mundo, gracias a experiencias como estas he aprendido a manejar mis emociones y a no poner en manos de los demás ni mi autoestima, ni mi titulo de enfermería, somos lo que somos y cada vez nos hacemos mejores personas y profesionales gracias a estas experiencias, he aprendido a sacar lo positivo a lo negativo cada día.

Un fuerte abrazo colegas…